Torre Blanca
En equilibrio
y en calma
El
proyecto de la arquitecta Tetela Castro logró un conjunto que armoniza
con la naturaleza y con los individuos
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El
interior de la sala de meditación tiene una cuidadosa elección
de materiales
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Es natural
que se repitan temáticas y propuestas edilicias en una publicación
que está consagrada, desde hace treinta años, a la divulgación
de proyectos y obras de arquitectura y urbanismo. Por eso resultará
llamativo, en el caso de Torre Blanca, que se trate de un programa diferente
de los que usualmente conocemos.
La arquitecta
Tetela Castro, autora del proyecto que nos ocupa, señala al respecto
que "el programa de esta obra tuvo por base la instrumentación de
un espacio destinado a actividades dirigidas al desarrollo físico,
cultural y espiritual del ser humano". Como se advierte, son expresiones
poco frecuentes en la memoria descriptiva de una obra de arquitectura.
La Torre Blanca
Sobre un predio por completo virgen, de 27 hectáreas, en Capilla
del Señor (bordeado en uno de sus límites por el arroyo de
la Cruz), se concretó en 18 meses el programa bautizado como Torre
Blanca.
La obra
consta de un alojamiento para huéspedes, comedor, vestuarios, sala
de meditación, un salón de usos múltiples y galpón
de herramientas y servicios para la huerta orgánica. Si se tiene
en cuenta que la arquitecta Castro es miembro de Homtiecos (Asociación
de Estudios Geobiológicos) y del (Instituto de Ergonomía
Argentina) InEA, los pasos del proceso proyectual fueron coherentes con
sus principios.
En la
primera etapa, la elección de los materiales dio el carácter
global al conjunto. Esa elección estuvo dirigida a materiales no
contaminantes, con mínimo consumo de energías no renovables
en su fabricación y condiciones de no agresividad funcional al individuo.
Destaca Tetela Castro que los materiales óptimos, desde la óptica
energética, son los que componen el organismo humano.
Con esta
actitud se procuró la integración de la arquitectura con
la naturaleza; el uso de ferrites para colorear los revoques exteriores
ayudó a incorporar las construcciones en el paisaje y los techos
de chapa de color aluden a la imagen de la arquitectura de provincia.
Se marcó
en el terreno una grilla de 20 por 20 metros para trazar las líneas
Hartmann (de energía electromagnética) y los cursos de agua
subterráneos.
Una vez
establecida la red, y llevada a la escala de los planos, se examinó
la localización de los edificios. Y en el caso de los alojamientos
se buscó que no hubiera cruces geopatógenos (los formados
por el encuentro de dos líneas Hartmann o una línea Hartmann
y un curso de agua subterránea) en coincidencia con ninguna de las
cuarenta camas.Del mismo modo, un interesante trabajo de radiestesia permitió
ubicar los lugares de reposo en zonas neutras.
La perforación
para la torre de agua y mirador se instaló en un lugar donde la
energía del líquido es mayor a 90.000 unidades Bovis (señala
la arquitecta Castro al respecto que el agua corriente de la ciudad de
Buenos Aires tiene 6500 unidades).
Para
que la implantación del conjunto tuviera posibilidades claras de
crecimiento, fue necesario realizar la infraestructura de redes de alimentación,
desagües y electricidad en la casi totalidad del terreno.
Para
no contaminar el medio ambiente, se eligió el cableado subterráneo
para no generar campos electromagnéticos perniciosos.
Sólido
equipo
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En
Capilla del Señor, las construcciones se abastecen de energía
solar
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El proyecto
y dirección de la obra estuvieron a cargo de la arquitecta Tetela
Castro, que contó con la colaboración de los arquitectos
Sebastián Linder, Hernán Salcedo, Martina Seoane, Roxana
Vilardebó, Cristina Zumpano y el ingeniero Luis Maisonobe.
El ingeniero
Guido Bassler se ocupó de la radiestesia y el asesoramiento climatológico
estuvo a cargo del ingeniero Aníbal Fiszbejn.
Sala de meditación
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Una
visión geométrica de la sala de meditación
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Se ubica
sobre una plataforma sobreelevada, a partir de la excavación de
un anillo perimetral
El acceso
se establece a través de un puente, lo que favorece un cambio en
el estado de la mente antes de ingresar
El centro
del salón, de forma hexagonal, coincide con un cruce Hartmann de
gran intensidad
El trazado
del piso de madera (de sándalo y palo santo) permite que, siguiendo
las reglas del feng-shui, la energía se libere a todo el ambiente
Las formas
arquitectónicas, tomadas de la geometría sagrada, contribuyen
a concretar la naturaleza particular del recinto
Dos símbolos
vinculan Oriente y Occidente: la cruz, formada por la estructura de la
lucarna, y los dos triángulos invertidos insertos en el hexágono,
que dan el equilibrio del Yin y el Yang
La planta
hexagonal fue elegida como el elemento unitario de un tejido infinito:
el UNO
La ubicación
de 4 columnas en los vértices del cuadrado inscripto define una
estrella irregular cuya forma implícita es el símbolo de
la unión del Cielo y la Tierra.
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