Posibilidades y limitaciones
de una prospeción
|
por Mariano Bueno
Los que nos dedicamos habitual o esporádicamente a realizar Prospecciones
de viviendas o diagnósticos de Biohabitabilidad, nos enfrentamos
a menudo a los problemas propios de una realidad que, en sí misma,
es muy compleja.
Muchos de los casos estudiados resultan sencillos en su diagnóstico
y resolución: casos de insomnio o dolores de cabeza pertinaces que
mejoran o desaparecen tras desconectar los aparatos eléctricos (radiodespertadores,
lámparas, radiocassettes...) situados en las mesitas de noche o
con la corrección de la contaminación eléctrica producida
por una deficiente instalación eléctrica empotrada en las
cabeceras de la cama.
En otros casos coincide claramente el recurrente dolor de espalda o
la reiterativa tensión muscular con la presencia de un cruce de
líneas Hartmann en la zona de la cama que se corresponde con esa
parte del cuerpo, por lo que tan sólo desplazándo la cama
un metro o cambiando su orientación se consigue la mejoría
o incluso a menudo la desaparición definitiva del transtorno.
Los problemas, para un experto en Geobiología aparecen cuando
no podemos hallar una relación estrecha entre las patologías
padecidas por los ocupantes de una vivienda y las alteraciones geobiológicas
detectadas.
Tendremos que partir del hecho de que los transtornos de salud o las
enfermedades casi siempre son multifactoriales y entre esos múltiples
factores que inciden -directa o indirectamente- en el equilibrio o desequilibrio
del organismo, podemos entrever aspectos tan diversos como la alimentación,
el ejercicio físico, la actitud psicológica o filosófica
frente a la vida, la genética o el ambiente.
Sobre la mayoría de los aspectos citados se han ido creando
disciplinas y escuelas que los investigan y dan sus recomendaciones para
prevenir enfermedades o curarlas una vez aparecidas. Pero a menudo se olvida
el factor energético, tanto la energía dura (radiactividad,
radiaciones electromagnéticas...) como la sutil (frecuencias cromáticas
de la decoración de los espacios o las de forma de las construcciones
o incluso de los objetos decorativos). Todo ello conlleva que el experto
en Geobiología deba poseer una amplísima formación
y experiencia personal, para poder hacer evaluaciones rigurosas y que los
resultados de sus actuaciones sean positivos.
Uno de los mayores problemas que estamos hallando es la parcialidad
de los criterios empleados por un determinado prospector. Cuando alguien
posee una estructura mental muy racionalista tiende a cargar las causas
de los problemas en los aspectos más medibles racional y científicamente
(la radiactividad de los materiales o la presencia de CEM), mientras que
los que poseen una formación o una fina sensibilidad radiestésica
suelen polarizarse con facilidad en los aspectos más sutiles y difíciles
de valorar objetivamente (objetos con vibraciones extrañas, entidades
desencarnadas o remanencias vibratorias de hechos desagradables acaecidos
en el lugar estudiado).
Podríamos pensar que ante estas divergencias lo realmente importante
es el resultado final. Si la persona o personas solicitantes del estudio
o prospección de su vivienda hallan solución satisfactoria
a sus trastornos o problemas, poco importa la metodología o el lenguaje
usado a tal fin. El problema aparece cuando un prospector con su sistema
peculiar de diagnóstico y sus recomendaciones no acierta a dar la
solución satisfactoria y el cliente en vez de volver a consultarle
o pedirle que le aclare sus dudas recurre a un segundo e incluso a un tercer
prospector, hallándose con tres diagnósticos diferentes e
incluso contradictorios el uno con el otro.
Reconozco que un diagnóstico bien hecho es dificil y requiere
tanto de los conocimientos y la experiencia como de una intuición
o sexto sentido que allane el terreno, dada la complejidad y variedad de
los fenómenos estudiados por la Geobiología. Nos hallamos
ante una ciencia que posee bastante de arte. Si además sumamos las
constantes variaciones de las radiaciones cósmicas y terrestres,
podemos entrever la extrema complejidad del tema abordado, pues el diagnóstico
que hagamos puede variar sustancialmente tras un seismo, después
de unos cuantos me lluvia o de cambio de presión atmosférica.
Todo ello debe cuestionarnos las posibilidades y las limitaciones de
una prospección y situarnos en una dimensión de mayor humildad,
al tiempo que potenciamos los encuentros de prospectores y profesionales
vinculados con la Geobiología, esperando que redunden en una puesta
al día permanente y que permita contrastar técnicas y metodologías
de trabajo a fin de unificar criterios y ajustar nuestras sensibilidades
personales. De lo contrario se puede ir generando un justificado o injustificado
descrédito que revertirá negativamente a corto o largo plazo
sobre todos los que dedicamos parte de nuestras vidas a ayudar en la búsqueda
de la salud global a nivel particular y social.
En los encuentros de prospectores ha quedado patente la necesidad de
un seguimiento de las prospecciones realizadas y de la evolución
de los implicados. También sería recomendable que las personas
que hayan permanecido largos periodos en zonas con alteración telúrica
o expuestos a radiaciones nocivas realizaran un test periódico de
Kinesología, Mora (resonancia biológica) o Vegatest que les
indicara si siguen padeciendo alguna geopatía. En caso de persistir
la información geopática será preciso una segunda
prospección para dilucidar las causas no detectadas con anterioridad.
Todo ello conlleva una mayor implicación tanto del interesado
como del prospector, quien no puede limitarse a hacer un simple estudio
de la vivienda, entregar un plano -más o menos bonito- y acompañarlo
con un informe muy sofisticado con tal de dar apariencia de seriedad. La
seriedad profesional no la avalan ni la elocuencia verbal, ni los informes
a todo color, ni el elevado precio de una prospección; la seriedad
y validez de una prospección es algo estrechamente relacionado con
el grado de implicación, la formación y la experiencia del
prospector.
Hay que tener siempre muy presente que a partir de nuestros comentarios
y recomendaciones se toman decisiones en ocasiones de suma importancia,
tanto para la salud del interesado como para su economía, ya que
en ocasiones se realizan costosas reformas o se construye en función
de lo hallado en la prospección.
Evidentemente no toda la responsabilidad puede recaer sobre el prospector,
sea profesional o no, el interesado -o cliente si se prefiere- tiene que
implicarse e investigar por su propia cuenta, mucho más si tenemos
presente que la mayoría de las energías y factores de riesgo
que investiga la Geobiología tienden a fluctuar o variar con el
tiempo -épocas de lluvia, seismo, actividad solar y otros fenómenos
naturales- incluso las obras realizadas cerca de la vivienda -movimientos
de tierra, entubados o enterramientos de cables o la tala de árboles
de gran porte- a lo que hay que añadir las fluctuaciones de intensidad
de los campos electromagnéticos en las distintas horas del día
y de la noche.
Dada la gran complejidad, queda patente que el interesado en saber
si su casa es sana o no, tendrá que implicarse cuando no halle los
resultados esperados y vaya experimentando, ya sea cambiando la ubicación
u orientación de las camas en todas las zonas posibles, o desconectando
la instalación eléctrica por la noche, e incluso aprendiendo
el uso de los instrumentos de medición y detección de anomalías,
para poder verificar por sí mismo los posibles cambios o las modificaciones
de las alteraciones fluctuantes.
Hace poco releía un artículo aparecido hace tiempo en
una revista francesa, en la que se mantenía una actitud crítica
con la Geobiología, mostrando algunos casos de contradicciones entre
Geobiólogos y radiestesistas y enumerando alguna prospección
solicitada a varios prospectores en las que algunos diferían considerablemente
en sus conclusiones y recomendaciones. Los que nos dedicamos a la prospección
de viviendas o terrenos para edificar tenemos que implicarnos algo más
de lo que lo estamos actualmente y buscar todas las posibilidades a nuestro
alcance para seguir compartiendo y aprendiendo entre todos, descubriendo
todas la posibilidades así como las limitaciones a las que tenemos
que hacer frente.
Urge -si no deseamos ahondar la brecha del descrédito- una constante
y regular puesta en común que, mediante la comunicación,
aclare dudas, resuelva malentendidos y nos permita evitar los errores que
hayamos podido cometer, ya sea por el desconocimiento de algunos factores
sinérgicos o por actitudes quizas demasiado autodidactas (con todo
lo positivo y negativo que ello conlleva)
Siento que hay que movilizar el grupo de prospección y dinamizar
los trabajos de investigación geobiológica, con ello saldremos
ganando todos, tanto en conocimientos y seriedad profesional como en credibilidad.
© Asociación de Estudios Geobiológocos
Volver
a Geobiologia