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Las Partículas más Energéticas de la Naturaleza |
Este trabajo fue publicado por la UNED en la revista "A Distancia"
(primavera 1994) y como informe interno del Departamento de Física
Atómica, Molecular y Nuclear FAMN 2/94 por F.
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Aunque se trata de un hecho perfectamente comprobado, seguramente muchas
personas se sorprenderían si supieran que constantemente se encuentran
sometidas al bombardeo de partículas de muy alta energía.
Concretamente, a nivel del mar, cada una de nuestras manos extendidas de
forma horizontal es atravesada por una de estas partículas, en promedio,
una vez por segundo. Esta radiación es debida a un fenómeno
que fue un enigma durante las primeras décadas del siglo XX y cuyo
estudio ha tenido consecuencias de gran trascendencia para la Física.
Por un lado dió lugar al descubrimiento de nuevas partículas
elementales provocando un cambio radical en nuestra concepción de
la estructura microscópica de la materia. Pero además está
aportando una valiosísima información acerca de la estructura
del Universo.
Al comenzar este siglo ya se conocía la existencia de tres tipos
de radiactividad: los rayos alpha, constituidos por núcleos de helio
que son frenados en unos pocos centímetros de aire; los rayos beta,
que son electrones y tienen mayor poder de penetración y, finalmente,
los rayos gamma que, a diferencia de los anteriores, no son desviados por
campos eléctricos ni magnéticos y tienen un gran poder de
penetración ya que son necesarios centímetros de plomo para
reducir apreciablemente su intensidad.
En aquella época, se medía la radiactividad con ayuda
de electroscopios que detectaban la ionización que ésta producía
en el aire. Era bien sabido que aún alejados de fuentes radiactivas
de laboratorio, estos aparatos detectaban una ligera ionización
que fue exclusivamente atribuida a las fuentes radiactivas naturales que
se encuentran en la superficie terrestre. De ser esto cierto, la señal
de fondo debería disminuir al alejarnos de la superficie. Para comprobar
esta hipótesis, Victor Hess realizó en 1912 una serie de
experimentos transportando una cámara de ionización en un
globo con el que ascendió hasta 5000 metros de altura y, sorprendentemente
encontró que la señal de fondo aumentaba con la altitud.
Una vez descartadas otras posibles explicaciones se llegó a la conclusión
de que esta radiación provenía de arriba, es decir, del exterior
de la Tierra. Este experimento supuso el nacimiento de la Física
de Rayos Cósmicos (Nombre debido a Millikan, 1925).
Durante los siguientes años se trabajó intensamente para
averiguar la naturaleza y origen de estos rayos desconocidos. Muchos nombres
relevantes de la Física de este siglo participaron en la búsqueda
de la explicación de este enigma. Además de los que más
adelante se mencionarán en este artículo se pueden citar
los de Anderson, Bethe, Bhabha, Blackett, Compton, Euler, Fermi, Heisenberg,
Heitler, Landau, Nishina, Ochialini, Perkins, Wilson, etc.. sin olvidarnos
del trabajo que el español Arturo Duperier de la Universidad Complutense
realizó en el Imperial College en los años cuarenta.
Los primeros experimentos mostraron que esta radiación poseía
un extraordinario poder de penetración por lo que algunos supusieron
que debían ser rayos gamma aunque mucho más penetrantes que
los de origen terrestre. En 1929 el científico ruso Skobeltzyn,
empleando una cámara de niebla en la que podía visualizar
las trayectorias (trazas) de las partículas cargadas, observó
la presencia de partículas de alta energía que identificó
como electrones arrancados a la materia por estos rayos gamma cósmicos.
Sin embargo, ese mismo año, Bothe y Kolhoerster realizaron un experimento
histórico usando dos contadores Geiger (Dispositivo inventado por
Geiger y Mueller en 1928 en la Universidad de Kiel para detectar electrónicamente
el paso individualizado de partículas cargadas.) entre los que habían
interpuesto una gruesa capa de plomo capaz de frenar todos los electrones
de alta energía. Empleando por primera vez el método de
coincidencias observaron que la radiación cósmica producía
simultáneamente señal en ambos detectores. Descartada la
hipótesis de que se trataba de dos electrones arrancados a la materia
por un mismo rayo gamma por ser un proceso altamente improbable, quedó
demostrado que las partículas que Skobeltzyn había identificado
como electrones producidos por la radiación penetrante eran en realidad
la propia radiación penetrante de origen cósmico. Se trataba
pués de partículas cargadas de diferente naturaleza a todas
las conocidas hasta entonces. Experimentos posteriores realizados con cámaras
de niebla demostraron la existencia de otros tipos de partículas
de muy alta energía en la radiación cósmica entre
las que se desubrió el positrón, e+,
(el electrón positivo predicho por Dirac). Se acababa de abrir la
veda para la caza de nuevas partículas.
En 1938, P. Auger y sus colegas de la Escuela Normal Superior de París
observaron coincidencias entre señales producidas en contadores
Geiger que se encontraban separados por distancias de hasta 150 metros.
Por entonces ya se sabía que cuando un fotón gamma de alta
energía atraviesa la materia se puede convertir en un par electrón-positrón.
Por otro lado, los electrones de alta energía crean fotones al ser
acelerados en el campo eléctrico de los núcleos atómicos.
El resultado de la combinación de ambos procesos es lo que se llama
una cascada electrón-fotón que consiste en un chaparrón
(shower en ingles) de electrones y fotones. El método de coincidencias
es idóneo para la detección de cascadas pués las partículas
del chaparrón deben llegar simultáneamente ya que viajan
todas a una velocidad igual o casi igual a la de la luz. El experimento
de Auger podía, por tanto, ser entendido suponiendo la formación
de cascadas iniciadas por rayos gamma, pero para poder explicar su gran
extensión era necesario admitir que éstas se habían
producido a gran altitud en la atmósfera. Desde entonces a estas
cascadas se las conoce como Extensive Atmospheric Showers (cascadas
atmosféricas extensas). Lo más impresionante fue que los
cálculos predecían que algunas de ellas debían de
haber sido producidas por rayos gamma de 1015
eV (1 TeV) de energía. Para comprender el asombro que este resultado
produjo en la comunidad científica basta comparar esta energía
con la asociada a otros procesos microscópicos. Por ejemplo, las
energías típicas de los electrones en los átomos varían
entre 1 y 103 eV (1 keV) y la de las radiaciones
asociadas a los fenómenos nucleares son del orden de 106
eV (1 MeV).
Sin embargo, la formación de cascadas electrón-fotón
no permitía explicar la existencia de la radiación corpuscular
extraordinariamente penetrante que se observaba en la superficie terrestre.
La solución final al problema vino de la mano de un descubrimiento
que fue de vital trascendencia para el desarrollo de la física nuclear.
Al final de los años 30 se buscaba con gran interés una partícula
que había sido predicha por Yukawa para explicar la interacción
nuclear y que debía tener una masa aproximadamente 200 veces la
del electrón. Fue entonces bautizada con el nombre de mesotrón
o mesón. El análisis de trazas de rayos cósmicos en
cámaras de niebla mostró evidencias de la existencia de una
partícula cargada con esta masa. Aunque más tarde se comprobaría
que las partículas observadas no eran las buscadas, estos indicios
aumentaron el interés en su búsqueda. En los años
40 se desarrollaron las emulsiones nucleares, similares a las placas fotográficas,
pero sensibles a las partículas ionizantes. Estas emulsiones presentan
frente a la cámara de niebla gaseosa la ventaja de ser un medio
mucho más denso y por tanto, la probabilidad de observar interacciones
es mucho mayor. En 1947 se demostró empleando esta técnica
que existían dos tipos de mesones. Uno que se frenaba rápidamente
y que se desintegraba convirtiéndose en otro de masa ligeramente
menor pero de mucho mayor poder de penetración. El primero al que
se le denominó meson-pi (actualmente pión)
es sensible a la interacción nuclear y es la partícula de
Yukawa. El segundo, que fue llamado meson-mu tiene una naturaleza
similar a la del electrón, constituye la parte más penetrante
de la radiación cósmica y actualmente se le conoce como muón.
En los siguientes años se descubrieron muchas otras partículas
nuevas entre los rayos cósmicos empleando la técnica de las
emulsiones.
El descubrimiento del muón y del pión y el consiguiente
avance en el entendimiento de las interacciones nucleares permitió
ajustar las piezas del rompecabezas. La radiación observada en la
superficie terrestre es debida al constante bombardeo de núcleos
atómicos desnudos (sin electrones) a que se encuentra sometida la
Tierra. Al penetrar en la atmósfera, cada uno de estos rayos
cósmicos primarios produce una cascada hasta cierto punto similar
a las de electrones y fotones pero en la que, debido a la distinta naturaleza
de los procesos que tienen lugar, se crean una gran variedad de partículas
elementales (figura 1).
Figura 1: Cuando un rayo cósmico primario entra en la atmósfera
se produce una cascada de partículas elementales muchas de las cuales
pueden alcanzar la superficie terrestre.
La cascada se inicia cuando el núcleo primario colisiona con
un núcleo atmosférico (Nitrógeno u Oxígeno)
produciendo una reacción nuclear en la que parte de la energía
se transforma en materia, creándose nuevas partículas, sobre
todo piones. El núcleo incidente o los fragmentos resultantes después
de esta colisión siguen viajando a gran velocidad en dirección
al suelo hasta que de nuevo tiene lugar otra reacción nuclear en
la que se producen más partículas y así sucesivamente.
En ocasiones algunos fragmentos nucleares alcanzan la superficie terrestre.
Los piones neutros pio creados se desintegran casi instantáneamente,
convirtiéndose en dos rayos gamma. Los piones cargados pi+
pi- pueden colisionar con
otro núcleo atmosférico produciendo nuevas partículas
o desintegrarse en un muón y un neutrino. El muón posee una
vida media de 2 millonésimas de segundo (2 micros) tras lo cual
se desintegra convirtiéndose en un electrón y dos neutrinos.
Al ser la vida del muón tan corta podría pensarse que ninguno
puede llegar vivo al nivel del suelo. Sin embargo, debido a su alta velocidad
(muy próxima a la de la luz) se ven afectados por la dilatación
relativista del tiempo y en nuestro sistema de referencia su vida media
es mucho mayor. De hecho, en casi todas las cascadas iniciadas por rayos
cósmicos, una parte importante de los muones logran alcanzar la
superficie terrestre. Son tan penetrantes que muchos de ellos alcanzan
profundidades de cientos de metros bajo tierra, pero, al ser partículas
cargadas dejan un rastro de ionización fácilmente detectable.
Por este motivo fueron las primeras partículas secundarias detectadas.
Por otro lado, los neutrinos que se crean en la desintegración de
los piones y de los muones, a pesar de ser muy numerosos, poseen una probabilidad
de interacción con la materia extremadamente pequeña por
lo que pasaron desapercibidos en los experimentos pioneros. Su poder de
penetración es tan grande que pueden atravesar completamente la
Tierra.
Como hemos visto, la desintegración de los pioda
lugar a la creación de fotones cada uno de los cuales produce a
su vez una cascada electrón-fotón. La suma de todas ellas
da lugar a la llamada componente electromagnética de la cascada
que consiste en un disco de fotones gamma, electrones y positrones que
se mueve a la velocidad de la luz teniendo como eje la dirección
del rayo cósmico primario (figura 2). A medida que la cascada se
acerca al suelo, es decir profundiza en la atmósfera, este disco
aumenta su radio debido a las colisiones elásticas de los electrones
con los núcleos atmosféricos. Por otro lado, el número
de partículas en el disco inicialmente crece hasta llegar a una
profundidad en la que alcanza el máximo desarrollo a partir de la
cual las partículas son absorbidas en la atmósfera. Por ejemplo,
un protón (núcleo de H) primario de 1015
eV produce una nube de partículas que alcanza su plenitud a unos
6000 metros sobre el nivel del mar con aproximadamente un millón
de partículas (gamma, e), un tercio de las cuales pueden alcanzar
el nivel del mar ocupando una extensión de unos cien metros.
Figura 2: Los rayos cósmicos primarios pueden ser detectados
de forma directa en globos y satélites o de forma indirecta con
dispositivos en el suelo que detectan la cascada de partículas.
A diferencia de los fotones gamma, los núcleos cargados no mantienen
su direccionalidad excepto los que por tener muy alta energía no
deberían ser desviados por el campo magnético galáctico.
Aunque el modelo que empleó Auger para el cálculo de
la energía primaria estaba basado en la hipótesis de una
cascada puramente electromagnética, el resultado fue básicamente
correcto. De hecho el record registrado se encuentra en 1020
eV.
Esto significa que del espacio exterior nos llegan particulas con energías
de hasta 16 Julios!. Esta energía es del mismo orden de magnitud
que la que posee una pelota de tenis tras un saque pero transportada por
una partícula microscópica. Esto no significa que corramos
el riesgo de ser dañados por un rayo cósmico, pués
incluso en el muy improbable caso de que el núcleo primario llegase
al suelo, la fracción de energía depositada en una interacción
es muy pequeña. En vuelos espaciales, sin la protección de
la atmósfera, es posible estar sometido a la acción directa
de los rayos cósmicos. Durante el primer vuelo tripulado a la Luna,
en 1969, los astronautas del Apollo 11 comunicaron a Tierra un curioso
fenómeno consistente en que al cerrar los ojos observaban ocasionalmente
destellos luminosos. Muy pronto se supo que era debido a los núcleos
pesados de la radiación cósmica que incidían en la
nave. La cantidad de energía depositada por un núcleo individual
en la retina de los astronautas era mayor que el mínimo requerido
para excitar las células sensibles a la luz.
Durante los años 50 comenzó el desarrollo de los aceleradores
que permitieron llevar a cabo una investigación más detallada
de las interacciones de las partículas bajo condiciones experimentales
controladas. Fue en este punto cuando la física de partículas
elementales se separó de la física de rayos cósmicos,
concentrando esta última todos sus esfuerzos en la solución
a la segunda parte del enigma. ¿De dónde provienen los rayos
cósmicos primarios?, ¿cuáles son las fuentes cósmicas
que los producen?, ¿bajo qué condiciones pueden las partículas
adquirir tan enorme energía?. A pesar del gran esfuerzo realizado
por físicos teóricos y experimentales no tenemos todavía
una respuesta segura a estas preguntas.
Uno de los primeros objetivos experimentales ha sido la caracterización
de la radiación cósmica que llega a la Tierra. La energía
de esta radiación varía en muchos órdenes de magnitud
(107-1020
eV) y por tanto, es necesario emplear diversos métodos experimentales
dependiendo del intervalo de energía en estudio (fig.
2). Para energías inferiores a 1015
eV (1 PeV) es posible la detección directa del núcleo primario.
Para ello se transporta en globo o a bordo de satélites los dispositivos
de detección que en ocasiones constituyen verdaderos laboratorios
con un peso de varias toneladas. Las técnicas empleadas son similares
a las de los experimentos de física nuclear y de partículas
elementales. Se provoca la interacción del rayo cósmico con
un medio material conocido y se estudian las características de
los productos resultantes. Uno de los métodos es el de las emulsiones
anteriormente mencionado, otros, más sofisticados, reconstruyen
las trayectorias de las partículas que se crean en la colisión
lo que permite medir la dirección del rayo cósmico primario.
Entre los primeros satélites cabe destacar la serie que con el nombre
genérico de Proton puso en el espacio la Unión Soviética,
el primero de los cuáles, Proton-1, fue lanzado en Julio
de 1965. Entre los experimentos en globo se pueden mencionar los que la
colaboración JACEE (EEUU - Japón) lleva realizando desde
1979.
Los primeros datos pusieron de manifiesto que el número de rayos
cósmicos primarios es tanto menor cuanto mayor sea la energía
de éstos y por tanto, a muy altas energías el ritmo de llegada
es tan lento que las técnicas de detección directa resultan
inviables. Por ejemplo, para detectar unos mil rayos cósmicos con
energías superiores a 1 PeV sobre una superficie de 10 m2
se
necesitaría más de un año. Se han desarrollado paralelamente
una serie de técnicas de detección indirecta basadas en la
observación de la cascada atmosférica de partículas
empleando detectores instalados sobre la superficie terrestre. Estas técnicas
permiten cubrir un amplio margen de energía que va desde 1011
a 1020 eV. Si la energía del rayo
cósmico primario es superior a 1014
eV, la componente electromagnética de la cascada puede ser detectada
a nivel del suelo. A energías inferiores se puede detectar sin embargo
la luz producida por efecto Cherenkov por las partículas de alta
energía de la cascada. Los métodos basados en detectores
sobre la superficie terrestre pueden ocupar físicamente áreas
muy extensas y por tanto tienen una eficiencia mucho mayor que los detectores
a bordo de globos o satélites. Sin embargo, tienen como desventaja
que la caracterización del primario a partir de los datos de la
cascada atmosférica es muy difícil.
Figura 5: Los rayos cósmicos que llegan a la Tierra poseen
un amplio espectro de energía. Como se muestra en este esquema,
tanto sus propiedades como los métodos de detección dependen
de la energía primaria.
Como ya se ha mencionado, el experimento pionero en la detección
de los electrones de la cascada atmosférica fue realizado por Auger
y, posteriormente, perfeccionado por el grupo de Rossi al final de los
años 50. El dispositivo consiste en una disposición bidimensional
(matriz) de detectores de partículas cargadas. Hoy día
se suelen emplear láminas de un plástico centelleador
con
un área típica del orden de 1 m2.
Cuando un electrón de la cascada atraviesa uno de estos plásticos
una pequeña parte de su energía se emplea en excitar algunas
de sus moléculas que inmediatamente se desexcitan emitiendo un breve
flash
de luz. Esta luz es detectada por un dispositivo fotoeléctrico muy
sensible, fotomultiplicador, que es capaz de producir una señal
eléctrica de muy corta duración. Empleando un dispositivo
electrónico suficiéntemente rápido se puede además
medir el instante de tiempo en que el electrón atravesó el
plástico con una precisión del orden de 10-9
s (ns). Estos detectores, por tanto, son capaces de medir la densidad superficial
del disco de partículas de la cascada de donde se puede deducir
la energía del rayo cósmico primario. Por otro lado, la comparación
de los tiempos de llegada de las partículas a los diferentes contadores
permite medir la inclinación del disco (ver fig. 2 y fig. 6) obteniendo
de este modo la dirección de cada rayo cósmico primario individualmente.
A diferencia de los telescopios convencionales, estos dispositivos detectan
rayos cósmicos provenientes de todas las direcciones del cielo siendo
posteriormente, al analizar los datos, cuando se determina el ángulo
con el cada primario llegó a la Tierra. Con este tipo de detectores
se consigue una resolución angular típica del orden de 0.5
grados que si bién es muy modesta comparada con la de cualquier
telescopio abre la posibilidad de explorar el cielo en busca de las partículas
más energéticas que existen en la naturaleza.
Figura 6: A partir del instante de tiempo (ns) en que cada contador
detectó la llegada de la cascada de la figura 4, se ha determinado
la dirección con la que el rayo cósmico primario incidió
en la atmósfera con un error inferior a 0.1 grados. Las lineas rectas
unen las posiciones para las que el frente llegó al mismo tiempo.
Se han construido muchas matrices de centelleadores que se encuentran
en la actualidad repartidas por todo el mundo. Se pueden citar como ejemplo
la matriz CASA en Utah (EEUU) y el experimento HEGRA (High Energy Gamma
Ray Array) que se encuentra instalado a una altitud de 2200 metros sobre
el nivel del mar en el Observatorio del Roque de los Muchachos en la isla
canaria de La Palma (figura 3).
Figura 3: Matriz de contadores del experimento HEGRA instalado en
el Observatorio del Roque de los Muchachos en la isla de La Palma (Instituto
de Astrofísica de Canarias). Foto tomada en 1991.
Estos dispositivos ocupan un área comprendida entre 104
y
105 m2 y pueden detectar rayos cósmicos
en el rango de 50 TeV a 10 PeV. Por otro lado, han estado funcionando durante
muchos años detectores como los de Haverah Park en Inglaterra, Yakutsk
en la antigua URRS, Volcano Ranch en Nuevo Méjico, y el detector
Sydney en Australia que han detectado rayos cósmicos de hasta 1020
eV. El área que cubren estos detectores es de cerca de 20 km2
excepto el último mencionado cuya superficie es de 200 km2.
Existe un método alternativo para la detección de la
cascada basado en la observación de la luz Cherenkov de las partículas
de alta energía que se emite en la misma dirección en que
se mueven éstas. Empleando la imagen corpuscular de la luz podemos
imaginar a esta radiación como un disco de fotones viajando en la
dirección del cósmico primario de forma similar al disco
de electrones de la componente electromagnética y, por tanto, también
se puede observar la cascada empleando simplemente fotomultiplicadores
que detecten directamente el frente de luz Cherenkov. Una ventaja de detectar
los fotones Cherenkov en lugar de los electrones es que los primeros vienen
concentrados en un disco más fino que los segundos y, por tanto,
se puede medir con mayor precisión el instante de llegada a cada
detector y así obtener mayor precisión en la medida de la
dirección del rayo cósmico primario. En el experimento HEGRA
se ha instalado una matriz de fotomultiplicadores que funciona según
este principio y que permite tomar datos en combinación con la matriz
de centelleadores. En las fig. 4 y 6, se muestra la señal observada
por este detector al paso de una cascada iniciada por un rayo cósmico
cuya energía debió ser de aproximadamente 400 TeV. La intensidad
de luz Cherenkov detectada en cada fotomultiplicador ha permitido localizar
la posición del eje de la cascada y estimar la energía del
rayo cósmico primario. Además, la medida del instante de
llegada de los fotones a cada detector ha permitido reconstruir la dirección
en que llegó el rayo cósmico con un error inferior a 0.1
grados.
Figura 4: Cascada de partículas detectada por la matriz de
detectores de luz Cherenkov del experimento HEGRA. A partir de la intensidad
registrada en cada contador se ha determinado la posición del eje
de la cascada (punto negro) y la energía del rayo cósmico
primario que fue de aproximadamente 400 TeV.
La radiación Cherenkov de la cascada puede ser también
detectada mediante un telescopio reflector. Estos telescopio Cherenkov
no
necesitan espejos de gran precisión pués la resolución
angular está limitada de antemano por la dispersión de las
particulas en la cascada, sin embargo, para poder tener suficiente sensibilidad
es necesario que la superficie recolectora de luz sea muy grande. El
flash de luz Cherenkov producido por cada rayo cósmico individual
dura sólo unos pocos nanosegundos y por tanto, tiene que ser detectado
con fotomultiplicadores de respuesta muy rápida. Frente a las matrices
de centelleadores, los detectores de radiación Cherenkov tienen
la desventaja de que funcionan solo en total oscuridad (noche sin Luna).
Por otro lado, a diferencia de las matrices de contadores, el telescopio
solo detecta los rayos cósmicos que llegan en la dirección
en la que está apuntando. Ultimamente se está extendiendo
el empleo combinado de varios telescopios instalados en el mismo observatorio
con el fin de detectar la luz simultáneamente en varias posiciones
de la cascada. El telescopio Cherenkov más grande del mundo ha sido
desde hace muchos años es el que se encuentra en el observatorio
de Whipple en Arizona (EEUU) que tiene un diámetro de 10 metros
y detecta la luz con una cámara formada por 109 fotomultiplicadores.
Recientemente este observatorio ha construido otro aún mayor (11
metros) que entrará en funcionamiento próximamente. En el
experimento HEGRA se encuentran funcionando dos telescopios Cherenkov de
un total de cinco que serán instalados en un corto plazo de tiempo.
Al atravesar la atmósfera, las partículas de la cascada
producen la excitación e ionización de las moléculas
de aire. Al desexcitarse emiten luz de fluorescencia que a diferencia de
la radiación Cherenkov es emitida en todas direcciones. Si nuestros
ojos tuvieran suficiente sensibilidad podríamos ver la entrada de
los rayos cósmicos en la atmósfera de forma similar a la
de un meteorito, aunque a mucha mayor velocidad. Existe un detector instalado
en Utha llamado Fly's Eye consistente en una disposición
de 880 fotomultiplicadores que observan cada uno una dirección del
cielo. Este Ojo de Mosca permite detectar la llegada de rayos cósmicos
de muy alta energía (1017 eV) mediante
la observación de toda la cascada. Su eficiencia es muy alta ya
que puede cubrir un volumen de atmósfera de muchos kilómetros
cúbicos.
El desarrollo de estas técnicas experimentales ha permitido
llevar a cabo un estudio sistemático de las propiedades de los rayos
cósmicos que llegan a la Tierra. En primer lugar, se ha observado
que la mayor parte son núcleos atómicos. Su composición
química, es decir, las abundancias relativas de los distintos elementos,
es muy similar a la del sistema solar, de forma que la mayor parte de los
rayos cósmicos son protones (núcleos de H) y partículas
alpha (núcleos de He) encontrándose también núcleos
de número atómico intermedio entre los que destacan los de
C, N y O y elementos pesados entre los que predominan los núcleos
de Fe. Se ha detectado además la presencia de una pequeña
proporción de electrones y de fotones gamma. También se ha
puesto de manifiesto que el flujo de rayos cósmicos disminuye muy
rapidamente con la energía E, siguiendo una ley E-gamma.
Hasta energías de 1 PeV, gamma tiene un valor de 2.7 aproximadamente
haciéndose esta disminución más brusca a energías
superiores (gamma en torno a 3). Finalmente, los pocos rayos cósmicos
observados con energías comprendidas entre 1019
y 1020 eV parecen indicar que el espectro
es más plano en esta zona, es decir, que esta brusca disminución
cesa.
Se ha estudiado tambien la dependencia del flujo de rayos cósmicos
con la dirección de llegada a la Tierra observándose que
existe básicamente isotropía a excepción de ciertas
anomalías que afectan solo a los rayos cósmicos de baja energía
y que pueden ser explicadas como un efecto del campo magnético terrestre.
Esto significa que los rayos cósmicos nos llegan con igual probabilidad
desde todas las direcciones del espacio lo que puede explicarse teniendo
en cuenta que son partículas cargadas y por tanto, al moverse en
el seno de los diversos campos magnéticos cósmicos, están
sometidos constantemente a fuerzas que los desvían de sus trayectorias.
La estructura de estos campos es altamente irregular y como consecuencia
se pierde toda la información acerca de la dirección de las
fuentes cósmicas que las emitieron. Por otro lado, estos campos
magnéticos pueden mantener confinados a los rayos cósmicos,
de forma que para un campo y una región del espacio dados existe
un rango de energías por debajo del cual ningún núcleo
puede escapar. Este límite es tanto más alto cuanto mayor
sea la intensidad del campo magnético y mayor el volumen ocupado.
En realidad no se trata de un límite estricto de energía
sino que la probabilidad de escapar es tanto mayor cuanto mayor sea la
energía del núcleo. Esta propiedad permite explicar que el
flujo de rayos cósmicos sea fuertemente decreciente con la energía.
Los cálculos de esta energía límite han permitido
rechazar o aceptar distintas hipótesis acerca del origen de los
rayos cósmicos. Los primeros modelos que suponían que todos
los rayos cósmicos provenían del sol fueron pronto descartados
porque el campo magnético solar no puede confinar rayos cósmicos
tan energéticos como los que se han detectado y por tanto estos
escaparían del sistema solar sin alcanzar la isotropía que
observamos desde la Tierra. No obstante, una parte importante de los de
baja energía son efectivamente de origen solar. El campo magnético
de nuestra galaxia por el contrario puede confinar partículas de
muy alta energía y en un principio fue unanimamente aceptado el
origen galáctico de los rayos cósmicos. Sin embargo cuando
en 1962 J. Linsley y L. Scarsi observaron por primera vez en la matriz
de detectores de Rancho Volcano una cascada debida a un rayo cósmico
de energía 1020 eV, este modelo
se tambaleó pués esta energía es muy superior al límite
galáctico. En los siguientes años se han registrado un
importante número de rayos cósmicos con energías comprendidas
entre 1018 y 1020
eV. Estas observaciones han dado fuerza a la hipótesis del origen
extragaláctico de, al menos, una parte de los rayos cósmicos.
No obstante, existen varios argumentos que ponen en duda la hipótesis
del origen extragaláctico de los rayos cósmicos. Un año
después del descubrimiento en 1965 de la radiación electromagnética
de fondo que ocupa todo el espacio K. Greisen y G. T. Zatsepin demostraron
que los rayos cósmicos con energías por encima de 6 1019
eV tienen una probabilidad muy alta de destruirse al colisionar con los
fotones de la radiación de fondo en su largo camino por el espacio
intergaláctico y por tanto, aunque se crearan rayos cósmicos
en otras galaxias, no llegarían a la Tierra. Otro argumento está
relacionado con la composición química, ya que la energía
máxima a la que una partícula puede estar confinada en un
campo magnético depende tambien de su carga. Para los cálculos
de confinamiento se ha supuesto que estamos tratando con protones, pués,
al menos a bajas energías, son la componente predominante de los
rayos cósmicos. Sin embargo, para un núcleo de hierro que
tiene una carga igual a 26 veces la del proton, la energía límite
para su confinamiento es 26 veces superior. Por ejemplo, si todos los rayos
cósmicos de máxima energía fueran núcleos de
hierro, no sería necesario recurrir a la hipótesis extragaláctica.
De hecho, aunque todavía no tenemos datos suficientes acerca de
la composición química a energías por encima de 1
PeV se ha demostrado que existe un enriquecimiento en núcleos pesados.
Finalmente, teniendo en cuenta que el campo magnético en el medio
intergaláctico es muy débil, los rayos cósmicos de
máxima energía deberían mantener su trayectoria hasta
la llegada a la Tierra y por tanto, las direciones de llegada deberían
indicar hacia donde estan situadas las fuentes. No existen, sin embargo,
evidencias experimentales claras de direcciones privilegiadas aunque esto
puede ser debido a que el número de rayos cósmicos detectados
con tan alta energía no es todavía suficiente.
¿Que tipo de fuentes cósmicas pueden emitir partículas
de tan alta energía?. Los candidatos con más posibilidades
dentro de nuestra galaxia son las explosiones de supernovas, los pulsars
y el núcleo de la galaxia que podría contener un agujero
negro. Las supernovas se manifiestan como explosiones catastróficas
que marcan el final de la vida de una estrella masiva creándose
elementos químicos pesados y núcleos radiactivos. Poco después
de la explosión, el núcleo de la estrella se colapsa pudiendo
dar lugar a un objeto extraordinariamente compacto (Un centímetro
cúbico de materia de este objeto pesa del orden de cien millones
de toneladas) llamado estrella de neutrones. También se especula
con la posibilidad de que en algunos casos la densidad de este objeto sea
tan grande que la propia atracción gravitatoria sobre los fotones
impida la emisión de luz; es decir lo que se conoce como un agujero
negro. La contracción de la estrella produce, debido al principio
de conservación del momento angular, un aumento en su velocidad
de rotación tan grande que en ocasiones la estrella da una vuelta
completa en solo centésimas de segundo. Las partículas cargadas
atrapadas en su campo magnético alcanzan velocidades próximas
a la de la luz originando un cono de radiación que giran con la
estrella. La radiación es observada desde la Tierra solo cuando
el haz incide sobre ella y por tanto aparece en forma pulsada del mismo
modo que observamos desde el mar la luz emitida por un faro. Por este motivo
a estos objetos se les llama pulsars. Por otro lado, a la vez que
se produce la contracción de la estrella, las capas más externas
de ésta son emitidas hacia el exterior creándose una tremenda
onda de choque que emite radiación en todo el espectro electromagnético.
Existen tambien posibles fuentes fuera de nuestra galaxia que tienen capacidad
para producir rayos cósmicos como, por ejemplo, los quasars (quasi-stellar
radio sources) que son los objetos más energéticos que
se conocen en el Universo y que se encuentran a distancias de miles de
millones de años luz. Por otro lado existen galaxias que poseen
núcleos activos en donde se desarrollan procesos de muy alta energía
algunos de los cuales se manifiestan por una fuerte emisión de ondas
de radio (radiogalaxias).
En todos estos objetos mencionados tienen lugar procesos que podrían
dar lugar a la emisión de núcleos atómicos, electrones
y fotones, sin embargo, no es sencillo entender el procedimiento por el
que los rayos cósmicos pueden llegar a adquirir tan alta energía
como la que ha sido medida con nuestros detectores en la Tierra. Un posible
mecanismo consiste en lo siguiente: rayos cósmicos ya existentes
que viajan por el espacio pueden alcanzar uno de estos objetos, principalmente
la onda de choque de una supernova o un núcleo galáctico
y ser acelerados por su campo magnético. A lo largo de su existencia,
el rayo cósmico puede ganar energía muchas veces llegando
a adquirir valores enormes. Es simplemente una cuestion de probabilidad
estadística. Naturalmente existe también la posibilidad de
que el núcleo sea acelerado de forma directa de una sola vez adquiriendo
gran energía. Esto podría ocurrir en sistemas como los pulsars
cuyos campos magnéticos en rotación inducen una potentísima
fuerza electromotriz.
Un importante objetivo experimental es la localización de las
fuentes espec\ic ficas que emiten los rayos cósmicos. Estas fuentes
no pueden ser detectadas midiendo la dirección de los núcleos
cargados pués como se ha mencionado, los campos magnéticos
cósmicos les desvían de su dirección de emisión.
No obstante, desde hace tiempo se sabe que entre la radiación cósmica
existe una pequeñísima fracción de fotones gamma que
al ser partículas neutras no son desviados por los campos magnéticos
y por tanto, mantienen la misma dirección con la que salieron de
la fuente que las emitió. Para la detección y medida de la
dirección de los fotones gamma cósmicos se emplean técnicas
similares a las usadas con los núcleos cargados. La dificultad más
importante de esta Astronomía de Rayos gamma es debida al
intenso flujo isótropo de rayos cósmicos cargados que oculta
la presencia de los fotones. Intentar detectar las fuentes de rayos gamma
en estas condiciones es similar a pretender ver las estrellas con la luz
del día y por ello es de vital importancia emplear técnicas
que permitan eliminar este fondo de rayos cósmicos.
Para energías inferiores a algunos GeV el flujo de fotones de
las fuentes observadas es suficientemente intenso para poder llevar a cabo
la detección directa en laboratorios a bordo de satélites.
Uno de los métodos empleados para eliminar el fondo de rayos cósmicos
en este rango de energías consiste en rodear el experimento con
un detector que sea sensible al paso de partículas cargadas pero
no de fotones gamma. Solo se tienen en cuenta los sucesos que se observan
en ausencia (anticoincidencia) de señal de este detector
externo que de este modo funciona como un blindaje activo. Los experimentos
SAS II y COSB que estuvieron en operación durante los años
70 y el comienzo de los 80 nos han proporcionado una primera imagen del
Universo con fotones de energí a superior a 50 MeV. Se han detectado
fuentes puntuales galácticas entre las que destacan por su intensidad
los pulsars del Cangrejo y de Vela que se supone son los restos de explosiones
de supernovas, un misterioso objeto llamado Geminga que radia la mayor
parte de su energía en forma de rayos gamma así como una
fuente extragaláctica, el quasar 3C273. También se ha observado
la emisión difusa de rayos gamma del disco galáctico. Este
último efecto parece ser en parte debido a la desintegración
de los pio producidos en las colisiones
de los protones cósmicos con el hidrógeno interestelar. En
Abril de 1991 fue lanzado al espacio el observatorio COMPTON (fig. 7) provisto
del equipo de detección de rayos gamma más avanzado que existe
en la actualidad. Los datos enviados a Tierra por este satélite
han confirmado la existencia de las fuentes detectadas en las antiguas
observaciones pero además ha permitido descubrir muchos otros objetos
emisores de rayos gamma entre los que destaca el quasar 3C279 que, a pesar
de encontrarse a una distancia de la Tierra de aproximadamente 5000 millones
de años luz, es una de las fuentes más luminosas en el rango
de energías del GeV.
Figura 7: El observatorio COMPTON, puesto en órbita en Abril
de 1991, detecta rayos gamma del espacio con energías de hasta Gigaelectronvoltios.
El flujo de rayos gamma a energías superiores a 100 GeV es demasiado
bajo para ser detectado de forma directa en los laboratorios espaciales.
Sin embargo, cuando un rayo gamma cósmico penetra en la atmósfera
terrestre provoca una cascada electrón-fotón que si posee
suficiente energía puede ser detectada por telescopios Cherenkov
e incluso por matrices de centelleadores. Las cascadas producidas por rayos
gamma tienen características diferentes a las iniciadas por núcleos
pués los procesos físicos que las producen son diferentes.
Sin embargo, los detectores en el suelo sólo dan una información
muy limitada de las propiedades de la cascadas y la diferenciación
resulta muy dificil en la práctica. Recientemente se está
dedicando un gran esfuerzo en la búsqueda de métodos que
permitan reducir el fondo de rayos cósmicos cargados. Para ello,
empleando potentes computadoras, se simula con todo detalle la formación
de cascadas atmosféricas iniciada por rayos gamma y por núcleos
buscando características diferenciadoras que puedan ser observadas
por los dispositivios experimentales.
En la región de energía alrededor del TeV, en donde se
emplean telescopios Cherenkov, se ha desarrollado una técnica basada
en el análisis de la imagen que forma la luz Cherenkov en el plano
focal que está permitiendo eliminar el fondo de rayos cósmicos
cargados de forma muy eficiente. Empleando esta técnica se ha detectado
la emisión continua de radiación gamma de la nebulosa del
Cangrejo a energías superiores a 300 GeV. La emisión de radiación
gamma de esta fuente puede ser explicada admitiendo que los electrones
son intensamente acelerados en la onda de choque hasta energías
muy altas (1014-1016
eV). La emisión de rayos gamma de energía inferior a 5 GeV
es atribuida a la curvatura de las trayectorias de estos electrones en
el campo magnético de la nebulosa (radiación sincrotrón).
La emisión de radiación por encima de 5 GeV puede explicarse
si tenemos en cuenta que estos electrones pueden ceder parte de su energía
a fotones poco energéticos (efecto Compton inverso). Un sorprendente
descubrimiento llevado a cabo también por el telescopio del observatorio
de Whipple ha sido la observación del núcleo galáctico
activo Mrk 421, fuente extragaláctica de rayos gamma detectada por
el observatorio COMPTON y que parece emitir con gran intensidad a energías
cercanas al TeV.
Las matrices de centelleadores permiten medir la dirección de
llegada del rayo cósmico y por tanto son aptas para la búsqueda
de fuentes emisoras de rayos gamma. Al igual que para los rayos cósmicos
cargados, la energía mínima de detección depende de
las caracter\ic sticas de cada matriz siendo habitualmente superior o del
orden a los 50 TeV. En este rango, sin embargo, la búsqueda de fuentes
no ha dado todavía resultados claros. Para la eliminación
del fondo de rayos cósmicos se ha empleado habitualmente un método
basado en la medida del contenido de muones de la cascada con detectores
apropiados. Para la misma energía incidente, el número de
muones producido en una cascada iniciada por un fotón debe ser unas
treinta veces inferior al producido en una cascada de un protón
y aún menor respecto a cascadas iniciadas por núcleos pesados.
Una de las observaciones más significativas ha sido la llevada
a cabo por el grupo de la Universidad de Kiel (publicado en 1983). Empleando
una matriz de centelleadores instalados a nivel del mar observaron un exceso
de rayos cósmicos en la dirección de Cisne X-3. Esto suponía
el hallazgo de una fuente capaz de emitir fotones con energías superiores
a 1 PeV. A partir de las observaciones astronómicas se sabe que
Cisne X-3 es un sistema binario formado por una estrella normal a cuyo
alrededor gira un objeto muy denso (probablemente una estrella de neutrones)
con un periodo de 4.8 horas. El hecho que resultó más sorprendente,
sin embargo, fue que las cascadas que provenían de Cisne X-3 contenían,
en contra de lo esperado, una cantidad de muones muy similar a las de las
cascadas detectadas en otras direcciones debidas a los núcleos cósmicos.
Este hallazgo movió a muchos físicos teóricos a especular
sobre la existencia de una nueva partícula emitida por esta estrella.
Se trataría de una partícula neutra, pués mantiene
la direccionalidad, estable, pués llega sin desintegrarse desde
una fuente que está a unos 25000 años luz y de masa muy pequeña
o nula ya que teniendo en cuenta que llega a la vez que la luz, debe viajar
a una velocidad igual o muy próxima a la de ésta. Si bien
ninguna de las hipótesis ha cristalizado, la sospecha de que estas
partículas podrían no ser fotones ha movido a muchos científicos
a utilizar para este rango de energía el término búsqueda
de partículas neutras en vez de astronomía de rayos gamma.
Desgraciadamente, tanto ésta como otras observaciones de fuentes
puntuales en la region del PeV no han sido repetitivas.
En resumen, se han detectado numerosas fuentes que emiten rayos gamma
con energías comprendidas entre el MeV y el GeV, pero en la región
del TeV las observaciones son muy escasas todavía por lo que se
están construyendo actualmente varios telescopios Cherenkov de grandes
dimensiones que permitan la detección de otras fuentes en esta zona
de energía. Por otro lado, el flujo de fotones gamma procedente
de la nebulosa del Cangrejo observado con los telescopios Cherenkov es
suficientemente intenso para que existan fundadas esperanzas de que pueda
ser observado con matrices de centelleadores o de detectores abiertos de
luz Cherenkov instalados a altitud de montaña.
Para resolver el enigma del origen galáctico o extragaláctico
de los rayos cósmicos de máxima energía es necesario
disponer de un mayor número de detecciones. Actualmente, se están
construyendo nuevas matrices de centelleadores entre las que destaca el
proyecto AGASA que ocupa una superficie de 100 km2 y el detector EAS-1000,
en la República de Kazajstan (antigua Unión Soviética)
que contará con un área de casi 1000 km2. Con este mismo
fin se está desarrollando un nuevo proyecto basado en la técnica
Fly's
Eye que se conoce como experimento HIRES con el que se prevé
observar casi 300 sucesos anuales con energía superior a 1020
eV
reconstruyendo la dirección de llegada con un error del orden de
0.3 grados. Por otro lado, existen motivos para pensar que el cambio de
pendiente en el espectro de energía de los rayos cósmicos
que tiene lugar aproximadamente a 1 PeV está intimamente relacionado
con una cambio en la composición química a esa energía.
Por este motivo, se está realizando un gran esfuerzo para acumular
datos en esta región de energía tanto con métodos
directos (experimento JACEE) como con métodos indirectos. Entre
estos últimos podemos citar el experimento KASKADE que proximamente
entrará en funcionamiento en Karlshrue (Alemania) y que cuenta con
la instrumentación necesaria para poder analizar la componente hadrónica
de las cascadas con gran detalle lo que permitirá llevar a cabo
estudios de composición química en esta región de
energía.
Como dijimos al principio, los comienzos de la física de rayos
cósmicos estuvieron muy ligados a los de la física de partículas
elementales. Hoy día existen de nuevo motivos para trabajar en común.
Por un lado, la radiación cósmica contiene partículas
con energías muy superiores a las que se pueden conseguir con aceleradores
construidos por el hombre. Los datos experimentales acerca del desarrollo
de las cascadas en la atmósfera nos podrían proporcionar
una información valiosísima sobre las interacciones que tienen
lugar a estas energías. Pero, por otro lado, para conseguir una
caracterización completa de la radiación cósmica a
partir de la detección de las cascadas atmosféricas es necesario
un conocimiento preciso de las propiedades de la interacción de
las partículas elementales a estas altas energías. El procedimiento
habitual consiste en suponer que podemos extrapolar las leyes establecidas
a baja energía y que han sido comprobadas en los aceleradores. Esta
hipótesis no tiene porque ser cierta y así, por ejemplo,
el problema de los muones de las cascadas de Cisne X-3 podría ser
explicado suponiendo que a esas energías las cascadas de fotones
producen más muones que las calculadas a partir de las leyes conocidas.
En principio, a partir de los datos experimentales de cascadas atmosféricas
se podrían deducir propiedades de las interacciones de la partículas
a estas energías. Desgraciadamente, nuestro conocimiento del espectro
y de la composición química de estos rayos cósmicos
es todavía muy primitivo. Esto significa que cualquier anomalía
encontrada puede ser debida al descubrimiento de una nueva propiedad de
las partículas o bien a que nuestra hipótesis acerca de las
características de los rayos cósmicos que llegan a la Tierra
es erróneo. Parece, por tanto, que al igual que ocurrió al
comienzo de este siglo, el avance en el conocimiento de la estructura del
Universo (lo muy grande) estará en el futuro íntimamente
relacionado con el avance en la física de partículas elementales
(lo muy pequeño).
NOTA:
Esta información le será
útil para comprender otros fenómenos relacionados con la
aplicación de la magnetoterapia y un método diagnóstico
de enfermedades que desarrolla un electromédico amigo mio.
Este trabajo tiene resultados positivos sobre todo en el diagnóstico
del cancer, y es una maestría del Centro de Bioingeniería
de la Universidad (ISPJAE).
Ver la Maestria de Manuel López
Rodríguezen la web
www.radiestesiaargentina.8m.com
seccion Radiestesia, Radiestesistas del Mundo , Maestría Manuel
López.